Manuel Palomar Manuel Palomar
Manuel Palomar Manuel Palomar

Según el informe (referencia web), entre las Contribuciones Sociales y Económicas de las Universidades Públicas Valencianas destaca la aportación a la renta per cápita de la Comunidad Valenciana, que en las dos últimas décadas ha sido de 0.6 puntos porcentuales anuales, lo que representa casi una cuarta parte del crecimiento en dicho periodo (23.4%).

En el corto plazo, las universidades, por los impactos directos, indirectos e inducidos de su actividad, son un motor no menudo de las economías locales, tanto en términos de Valor Añadido Bruto como de empleo. De hecho, la actividad económica asociada a la actividad productiva del Sistema Universitario Público valenciano triplica las cifras propias de las cinco universidades, ejerciendo su capacidad de arrastre, más allá del sector educativo, en actividades tales como Inmobiliarias y servicios empresariales, hostelería, construcción y comercio y reparación, sectores que concentran 7 de cada 10 euros de renta adicional generada y dos tercios del total de empleo asociado a la existencia de las universidades públicas valencianas.

El verdadero impacto, sin embargo, de las universidades es solo visible en el medio y largo plazo, y no por el lado de la demanda, sino de la oferta. La docencia, la investigación y la innovación, actividades básicas de las universidades, mejoran el capital humano y tecnológico, y el potencial emprendedor más cualificado, si se dan las condiciones de entorno económico e institucional oportunas. Y, a su vez, el capital humano de los titulados incrementa sus tasas de actividad y de ocupación, la productividad global de la economía y la productividad y los ingresos de los ocupados con estudios. Por su parte, las actividades de I+D de las universidades amplían la dotación de recursos productivos al generar capital técnico y mejorar la capacidad de difusión de la información y de absorción y aplicación de conocimiento, facilitando la resolución de problemas organizativos y productivos, impulsando la innovación y, en consecuencia, la productividad, y con ella el nivel de renta.

Además, en la medida en que los universitarios muestran tasas de ocupación más altas y obtienen mayores salarios, pagan más impuestos directos e indirectos, e incrementan la recaudación fiscal. De modo que, en términos estrictamente económicos, el saldo entre el esfuerzo financiero que representa el gasto público en educación universitaria pública y el aumento de la recaudación fiscal derivado de los mayores impuestos que pagan los titulados universitarios, es positivo para el conjunto social: de media, los egresados devuelven a la sociedad al menos 1.9 euros por cada euro que la administración pública destinó a su formación, además de contribuir a incrementar la tasa de ocupación y reducir la de paro.

Acuciados, no obstante, por una agobiante situación económica haríamos mal en aceptar una conversación pública sobre las contribuciones de la universidad a la sociedad en términos exclusivamente económicos. Por supuesto, son evidentes y mensurables algunos de los efectos positivos de la educación universitaria en situaciones significativas de la vida societaria, desde estilos de vida más saludables, hasta mayores y mejores vínculos sociales; desde una superior confianza en sí mismos y en los demás, hasta una más alta valoración del trabajo; desde una mayor participación política, hasta una reducción de las desigualdades entre los sexos en las relaciones personales, que desgraciadamente no ha resultado extensible al mercado de trabajo ni a la relación salarial, donde siguen primando la discriminación y la segregación.

Aceptar, sin embargo, que sólo lo mensurable existe, nos retrotraería a la parábola del dipsómano que busca en la noche el objeto perdido bajo un farol, no porque crea que puede estar allí, sino porque es allí donde hay algo de luz, una restricción inaceptable. 

Los estudios universitarios son, también, la ocasión para el disfrute de una vida más plena, para aprender a ser críticos con los males del mundo, para un mejor conocimiento del pasado que nos prevenga de los problemas del presente, para una participación informada en la vida social y política, o para el mero amor por el conocimiento. Y aunque hay muchas disciplinas que en apariencia no tienen ningún efecto en la productividad, nunca hemos dudado en enseñárselas a nuestros hijos desde niños, conscientes de que en la práctica,  la mayor parte de los problemas que la vida nos plantea no tienen la elegancia de un modelo matemático ni la eficacia de una técnica probada. Más aún, hasta en los trabajos que aplican disciplinas que son relevantes para la productividad, gran parte de los conocimientos obtenidos en los colegios, institutos y en las universidades, carecen de importancia directa en la práctica laboral, sin que por ello hayamos dudado nunca de su necesidad. 

Las universidades públicas valencianas somos plenamente conscientes de que nuestras aportaciones a la sociedad y a la economía nos convierte en uno de los pilares básicos del desarrollo económico y del bienestar de la sociedad valenciana, y una de las principales fortalezas en las que apoyarse para su transformación. Poner en valor esas aportaciones es una demostración de responsabilidad, que no sólo sirve para convencer a la opinión pública de que estas contribuciones son sustantivas y merecen ser apoyadas, sino que además, reivindica un papel más activo en la transformación que la economía valenciana necesita para hacer frente a la actual crisis económica.Estamos convencidos de que los resultados de este estudio favorecerán el debate sobre el papel de las universidades en el marco adecuado de los datos objetivos y el análisis riguroso. Es nuestro deseo que el informe sirva de base para un debate rico y fructífero tanto con los distintos agentes sociales sobre la necesidad de que la Comunitat Valenciana se apoye más y utilice mejor los activos que las universidades ofrecen –capital humano y tecnológico-, como dentro de ellas mismas sobre las políticas más adecuadas para corregir las debilidades que sin duda presentan. Sólo así las universidades lograremos un papel más destacado en la sociedad, contribuyendo decisivamente a la transformación que la sociedad valenciana merece.

Manuel Palomar

Opinión – Diario El Mundo